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26 Febrero 2010 – ¿Por qué Ruiz-Mateos crece mientras todo lo demás se contrae y baja?

Por admin, Febrero 26, 2010 10:19 am

José Antonio Gómez Marín

Bitácora


Misterio económico

¿Por qué Ruiz-Mateos crece mientras todo lo demás se contrae y baja? Lo he pensado al cumplirse el 27 aniversario del expolio de Rumasa, que ahora la Justicia tiene ordenado reparar al Estado, con cifras que harían tambalearse definitivamente el negocio –unos tres billones de pesetas, millón arriba o abajo—mientras al expoliado se erige en capitán excepcional en medio de la debacle. ¿Por qué crece Ruiz-Mateos frente a una economía que encoge, cómo es posible que ande ofreciendo (y pagando religiosamente, mal que le cuadre a más de uno) intereses inimaginables a los mismos inversores a los que el sistema financiero convencional estafa con unas rentabilidades ridículas y ofende con unos beneficios colosales? Ver trajinar de nuevo a la abeja de Rumasa no ha sido para mí ninguna sorpresa, pero sí lo fue toparme en el periódico con la foto del expoliado posando junto a sus expoliadores –en Andalucía, sin ir más lejos—a la hora de salvar empresas que iban a pique y puestos de trabajo que se daban por perdidos, o bien a la vista de sus espectaculares ofertas crediticias que multiplican por ocho o por diez el interés del mercado. Algo no encaja en esta historia negra con la que la socialdemocracia amiga de los bancos quiso exorcizar su gran contradicción ensañándose con el “parvenu” al que los propios banqueros propusieron como Barrabás sustitutorio en el pretorio oportunista. Algo que, casi tres décadas después, ha fracasado ante los tribunales y mantiene perpleja a una opinión pública que asiste al éxito laborioso del mayor despojado de la crónica española. ¿Saben una cosa? Ruiz-Mateos no iba tan descaminado cuando sostuvo que sus payasadas eran la única vía posible para forzar la acción de una Justicia que venía haciéndole al Gobierno el caldo gordo. Su disfraz de payaso hace crecer hoy más aprisa, salva más trabajo y ofrece más interés al inversor que el frak de los mercachifles convencionales. A ver cómo explican eso Boyer y quien no es Boyer.

Pero dejemos el tema del zarpazo político y la posterior verbena de la reventa de Rumasa a los “amigos políticos” por parte de los expoliadores. La pregunta hoy por hoy es la propuesta: ¿por qué Ruiz-Mateos crece y crece mientras todo mengua a su alrededor, cómo se permite con los ojos abiertos el sueño de la expansión mientras los Gobiernos tiritan acollonados cada fin de mes aguardando la estadística fatal? Es como si el proscrito hubiera de demostrar en solitario la viabilidad del Sistema, pero ésa es la realidad. 27 años después recuerdo a Sotillos anunciando balbuciente en la tele aquel mangazo de Estado y veo lo poco que somos en las garras de Leviatán.

19 Febrero 2010 – “Herrera en la Onda” (Onda Cero)

Por admin, Febrero 19, 2010 1:59 pm

  

CARLOS HERRERA Y LOS CONTERTULIOS JAVIER CARABALLO, NICOLAS REDONDO TERREROS, CASIMIRO GARCIA ABADILLO Y ANABEL DIEZ COMENTAN BREVEMENTE QUE LA JUSTICIA PODRIA DETERMINAR QUE HAY QUE DAR EL 1% DEL PIB A RUIZ MATEOS POR EL CASO RUMASA.

HERRERA EN LA ONDA
19/02/2010 09:23:19

28 Noviembre 2009 – “Cuando Guerra asesinó a Montesquieu”

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Por admin, Noviembre 28, 2009 11:45 am

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Cuando Guerra asesinó a Montesquieu

12:17 | 28 de noviembre, 2009 Enrique de Diego

La chapuza de la incautación de Rumasa disparó la corrupción y acabó con la división de poderes. El presidente del Tribunal Constitucional sufrió presiones insoportables en La Moncloa.
Madrid.- Es criterio probado que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen. En el magnicidio de Montesquieu se confirma. Arrepentido o cínico, Alfonso Guerra declara ahora, frente a la presión mediática catalana sobre el Tribunal Constitucional, que éste “no hace política ni debe medir las consecuencias de sus fallos”. El mismo Guerra es autor del dictamen liberticida: “Montesquieu ha muerto” y el Bruto que dio las más certeras cuchilladas a la división de poderes.

El 5 de diciembre de 1983 se filtró la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la expropiación de Rumasa.

Escándalo sobre escándalo, pues seis magistrados habían votado en contra y otros seis a favor. El empate había sido roto por el voto de calidad del presidente, Manuel García Pelayo.

El Gobierno tenía interés en dar a conocer cuanto antes una sentencia sobre cuestión que se le había convertido en terrible pesadilla y la misma filtración pretendía distraer el debate de la cuestión de fondo. El ejecutivo se escudó en la excusa peregrina de que el invento de la fotocopiadora hacía imposible determinar la fuente de una filtración, que sólo podía provenir del Gobierno o del Tribunal Constitucional. García Pelayo, la víctima colateral del terrible asesinato de Montesquieu, cuyas consecuencias aún pagamos de manera muy elevada, declaró que “una sentencia votada y firmada no puede variarse”. Nada se podía hacer. Ruiz Mateos declaraba que “toda la propiedad privada queda en el aire”.

Estricta incautación.

El 23 de febrero de 1983 el gobierno socialista se había incautado, manu militari, con un despliegue policial sin precedentes, de Rumasa. Se trataba de un holding de 700 empresas, con una plantilla superior a las 65.000 personas, y con una facturación anual superior a los 350.000 millones de pesetas de la época(más de 2.000 millones de euros).

La incautación había venido precedida por amenazantes declaraciones del vicepresidente económico, Miguel Boyer. Las razones del asalto a Rumasa son confusas y confluyen varias motivaciones. Las excusas económicas fueron: reiterada falta de auditorías externas, obstrucción a la actividad inspectora del Banco de España, desproporcionados riesgos asumidos por los bancos que financiaban internamente a las empresas del propio grupo y una política expansiva considerada imprudente.

El partido socialista acababa de acceder al poder (diez millones de votos el 28 de octubre de 1982) y la expropiación fue un ejercicio de autoritarismo, que aterrorizó a la sociedad española, aunque fue comedidamente aplaudida por la cúpula bancaria que consideraba a Ruiz Mateos un peligroso outsider.

Es muy posible que la pertenencia entonces de José María Ruiz Mateos al Opus Dei fuera determinante para un gobierno en el que Alfonso Guerra hacía ostentación de rabioso anticlericalismo, con paranoica obsesión contra La Obra, a la que situaba como el principal foco de resistencia al nuevo poder socialista.

Autoritarismo.

No había cobertura legal para la medida y todo se hizo en medio de una gran frivolidad, al amparo de las previsiones contenidas en los artículos 33.3 y 128.2 de la Constitución. Se improvisó un decreto-ley ad casum. El ejecutivo, con su todopoderoso vicepresidente, Alfonso Guerra, actuó como el gobierno de un régimen totalitario. Expropiar Rumasa implicaba –tal era la chapuza- acabar con la propiedad privada en España, someterla al capricho gubernamental.

Sólo quedaba como dique el Tribunal Constitucional y a él acudió con recurso de inconstitucionalidad, elaborado por José María Ruiz Gallardón, el grupo parlamentario de AP.

Al frente del Alto Tribunal estaba un jurista de muy reconocido prestigio, referencia del Derecho Constitucional comparado, y de fuertes credenciales democráticas. Manuel García Pelayo (1909-1991), nacido en Corrales del Vino (Zamora), licenciado en Derecho por la Complutense, había sido capitán del ejército republicano y había permanecido luego en las prisiones franquistas hasta 1941. En 1951 emigró a Argentina y de ahí a Venezuela, donde fundó el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Central de Caracas. En 1980 el Rey le invitó a formar parte del Tribunal Constitucional, lo que representó su vuelta a España. La sentencia del caso Rumasa amargaría sus últimos años.

Presión en Moncloa.

Se trataba, pues, de un hombre incorruptible y de sólida trayectoria. Nada indicaba en su perfil que fuera el arma que el vicepresidente Alfonso Guerra utilizaría para hundirla en el corazón mismo de Montesquieu.

Empezó a saberse que el Alto Tribunal estaba muy dividido y se fue abriendo a la convicción de que todo dependería de si el presidente ejercería o no la prerrogativa del voto de calidad.

Manuel García Pelayo fue llamado a Moncloa. Acudió con el vicepresidente del Alto Tribunal, Jerónimo Arozamena. Por parte gubernamental ejercieron intensísimas presiones Felipe González y Alfonso Guerra, correspondiendo a éste el papel de poli malo, en lo que adquirió características de interrogatorio policial. El Guerra arrogante de entonces exhibió voceando las más altas y, al mismo tiempo, las más chuscas razones de Estado: de echar abajo la incautación de Rumasa, la indemnización a pagar sería multimillonaria, representaría no sólo el fin del proyecto socialista sino también la quiebra del Estado.

“Te vas a cargar el Estado y la democracia”, gritaba un exasperado y exasperante Guerra. De aquellas reuniones, que se pretendían mantener en el más absoluto secreto, informé en exclusiva gracias a lo suministrado por los escoltas de Manuel García Pelayo.

Éste había salido de Moncloa en estado de extrema agitación, muy nervioso, con lipotimia y al borde del infarto, ante una presión que se le había hecho insoportable y para la que -hombre curtido pero sensible y académico- no estaba preparado.

García Pelayo cedió. Cumplido el pedido, pasó a ser una sombra de lo que había sido. En 1986 dimitió, sin cumplir el periodo de nueve años previsto en la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional. Regresó de nuevo a Caracas en 1987, donde murió, olvidado, en 1991, tras una larga enfermedad.

La privatización de las empresas de Rumasa significó la introducción en España de la corrupción en gran escala. Además el Gobierno no quería sobresaltos como los que había pasado y reformó la Ley del Poder Judicial situando a todo el Consejo General bajo tutela de los partidos. De esa manera, la carrera judicial pasaba a ser cuestión de favor político.

La división de poderes había muerto. Nadie trató después de resucitar el cadáver de Montesquieu. Aunque los cómplices del asesinato son múltiples, no hay duda de que el sicario, el asesino directo fue Alfonso Guerra. ¡Ojalá se haya arrepentido, como parece, aunque ya es tarde!

5 Octubre 2009 – Ruiz-Mateos traspasará a un fondo soberano la indemnización de Rumasa

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Por admin, Octubre 5, 2009 9:59 am

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14 Junio 2009 – Historia / El pulso de Rumasa

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Por admin, Junio 14, 2009 12:33 pm

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Historia/El pulso de Rumasa
De incógnito en Burgos a la creación de un nuevo imperio
Hace 20 años, José María Ruiz-Mateos recorrió el país haciendo camapaña para las europeas pese a estar en busca y captura. En Burgos se coló disfrazado en una conferencia de Solchaga, ministro de Economía   

R.P.B / Burgos
Hace ahora veinte años, el empresario jerezano José María Ruiz Mateos era un prófugo de la justicia, lo que no le impedía estar en campaña electoral para las elecciones europeas. El presidente de la expropiada Rumasa viajaba siempre de incógnito pero tenía la habilidad de hacerse presente con golpes de efecto que, a tenor de los posteriores resultados electorales, causaban sensación -o al menos cierta simpatía- entre los ciudadanos. No en vano, el partido con el que el histriónico empresario concurrió a los comicios -Agrupación de Electores Ruiz-Mateos- obtuvo nada menos que dos actas de diputado en el Parlamento Europeo (le votaron 608.560 españoles), lo que le permitió, una vez confirmada la concesión del acta, inmunidad penal y, por tanto, abandonar el anonimato.
Una semana antes de las elecciones, Ruiz Mateos protagonizó en Burgos una de sus más sonadas astracanadas. El día 6 de junio había anunciada en la capital una conferencia del entonces ministro socialista de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga. Ni corto ni perezoso, sorteando hábilmente la estrecha vigilancia policial y retando la imponente estampa de los numerosos guardaspaldas del ministro, Ruiz Mateos se coló en la sala que acogió el evento.
En la última fila, escondido tras una peluca y unas oscuras gafas de pasta, el prófugo siguió la conferencia de Solchaga haciendo guiños al fotógrafo de Diario de Burgos Ángel Ayala, quien advertido de su presencia porque esa misma mañana le había retratado en las cercanías del monasterio de San Pedro de Cardeña, capturó varias veces la imagen de Ruiz Mateos haciendo con los dedos la famosa V de victoria mientras nadie en la sala se percataba de ello. La exclusiva que al día siguiente ofreció este periódico tuvo un impacto nacional.
Aquella mañana, horas antes de la conferencia, Ruiz Mateos había accedido a ser entrevistado por este periódico. El lugar elegido para el encuentro estaba alejado de la capital, pero poseía una gran carga simbólica para el empresario fugado de la justicia. A buen seguro que Ruiz Mateos sabía de la relación entre el Monasterio de Cardeña y el Cid Campeador, el héroe castellano a quien la leyenda del Cantar atribuía una victoria en los campos de batalla después de muerto. En las declaraciones que el empresario realizó al redactor Roberto Granja, había un mensaje explícito y con evidentes resonancias épicas: «Estoy absolutamente convencido de que un día, tarde o temprano, recuperaré el holding de la abeja». Aunque judicialmente sigue sin haber una sentencia definitoria, lo cierto es que Ruiz Mateos, desde entonces, ha construido un nuevo imperio, llamado ahora Nueva Rumasa, con el que está llenando páginas y páginas de periódicos desde hace varios meses.
El empresario jerezano ofrece a través de estos anuncios pagarés con un importe mínimo por inversor de 50.000 euros. La empresa intenta atraer al ciudadano diciéndoles que Nueva Rumasa «constituye uno de los grupos empresariales más importantes de nuestro país con una valoración patrimonial de más de 3.000 millones en compañías líderes». El nuevo imperio familiar, aseguran en los anuncios, cuenta con 107 empresas (algunas de las más importantes, como Trapa, ubicadas en Castilla y León), 10.000 empleados directos, 6.000 indirectos, relaciones comerciales con 78 países y una facturación por encima de los 1.500 millones de euros».

Origen de una exclusiva
Antes del golpe de efecto, los redactores Roberto Granja y Ángel Ayala habían concertado la cita con Ruiz Mateos por la mañana tras una llamada telefónica de uno de los colaboradores del empresario. Debía ser un lugar alejado, y quedaron en almorzar en el mesón ‘El cántaro’, cerca del monasterio de Cardeña. El prófugo se hizo esperar veinte minutos, pero al cabo apareció acompañado por otras dos personas. En un principio les costó reconocerlo: la chaqueta de cuero negro, el polo salmón, la poblada peluca algo canosa y el bigote, amén de las gafas oscuras, hacían difícil identificar al personaje. Durante el encuentro se mostró locuaz y atento. El talón de aquiles de los Solchaga, Boyer y compañía comió morcilla, chorizo, jamón y queso a la vez que charlaba con los periodistas sobre la campaña electoral que estabab llevando a cabo de incógnito, la situación económica del país y su futuro como empresario.
«Es tremendamente incómodo, desagradable e ingrato sencillamente porque es mucho tiempo. Hace falta mucho tesón, esfuerzo y voluntad», declaró a Diario de Burgos a propósito de las dificultades hacer una campañana electorales en tales condiciones. No dudó el empresario andaluz en enviar su recado a los responsables de la expropiación de Rumasa y a la sazón gobernantes del país. «Solchaga dijo en una ocasión que yo era un golfo, y el golfo lo es él por una razón, porque a parte del paro, la inflación y el déficit público, ahora ha llegado el déficit comercial como consecuencia de la mla gestión y las malas condiciones en que se pactó la entrada de España en el Mercado Común». En este sentido, no quiso pasar por alto la ocasión de reiterar que Miguel Boyer había sido el «verdugo» de Rumasa por «indicaciones» del presidente del Gobierno, Felipe González.

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Ángel Ayala.

El empresario jerezano, con peluca y gafas oscuras, hace la señal de la victoria con Solchaga al fondo rodeado de escoltas.