9 Marzo 2009 – “¿Y si llamáramos a Ruiz-Mateos?”
Leemos en la Tribuna de Ciudad Real, firmado por Pepe Romagosa, el artículo que se reproduce a continuación
Al contrario de lo que nos dice el inefable señor Solbes en el sentido de que a finales del presente año, o principio de 2010, empezaremos a recuperarnos de la crisis, soy de los que piensa que ese momento de repunte no se producirá hasta varios años más tarde. Tampoco pienso como él que sus previstos encuentros con ministros de Hispanoamérica vayan a iluminarle en la medida que él espera. ¿Qué soluciones le van a sugerir tales encuentros con políticos de países que nunca han logrado salir de sus crisis particulares?
Su gira por dichas naciones resultará más inútil que viajar a Siberia para estudiar los quitanieves, o a Islandia para conocer nuevos métodos de cultivo del tomate. La cifra de cuatro mil parados para finales de 2009, que nuestro inmarcesible ministro rechazaba no ha mucho con irritación, podría quedarse pero que muy corta. A la hora de buscar soluciones ante un problema que es global pero también distinto en cada país, lo que hay que hacer es hablar con los líderes de esos países que lo tienen menos crudo o, por lo menos, con los que tienen acreditada su habilidad para salir de graves situaciones (léase Alemania). Con una recesión económica que está superando las capacidades de nuestro Gobierno central, habría que dejar a un lado consideraciones ideológicas y recabar el consejo de verdaderos expertos; de personas que hayan demostrado con creces conocer cómo se crean empresas y cómo se genera empleo.
Y he aquí la pregunta del millón. ¿Qué persona hay en nuestro país que haya logrado crear un holding de 700 empresas y generar 65 mil empleos? ¿Qué individuo ha sido capaz, tras verse injustamente expropiado de un holding de tal tamaño, de volver a empezar «da capo» y de generar otros 10 mil puestos de trabajo (¡de momento!) y dar a luz un centenar de novísimas empresas? La respuesta ya es ociosa: don José María Ruiz Mateos, señores. Ningún otro español, y muy contados extranjeros, han demostrado tanto carisma y tantísima eficacia en los campos de la industria, del comercio y de la banca. ¡Y rizando el difícil rizo de ser querido y respetado por todos los empleados de su primera y de su segunda Rumasa!. A maestros como él deberíamos acudir y no a lidiadores de pega que ante los miuras que hoy nos acometen sólo atinan a dar torpes capotazos desde el burladero. Si ante un grave problema sanitario acudiríamos a premios Nobel de Medicina, o a los más prestigiosos astrónomos ante la inminente amenaza de un asteroide, ¿qué impide a nuestros gobernantes recurrir, ante la presente recesión, a nuestro empresario más genial, experto e imaginativo? Frente a un peligro como el que ya tenemos en casa, debería parecernos lógico solicitar la opinión y los consejos del mejor especialista; de quien ha acreditado en exceso saber hacer realidad lo que parece imposible. ¿Saben ustedes, amigos lectores, que Nueva Rumasa ya es hoy uno de los holdings más importantes y dinámicos de España? También lo saben nuestros políticos, pero hacen como si no, porque, como constatamos a diario, su soberbia prima sobre el patriotismo. ¿No sienten ganas de llorar?