Leemos en Europa Sur, firmado por José Ignacio Rufino, el artículo que se reproduce a continuación
El espíritu de la colmena
HACE ahora algo más de treinta años, un día de verano, mi tío Salvador, de camino a Rota, paró en Jerez. en aquellos tiempos, los niños éramos mucho más tropa que ahora -en el número y en el respeto jerárquico- , y ni mis primos ni yo protestamos demasiado porque mi tío parara en el Hotel Jerez con la intención de quedarse un buen rato. Por lo menos, nos iba a dejar sueltos en un sitio fascinante. La playa podía esperar; sobre todo si estábamos a nuestro aire en un gran hotel nuevecito como aquel, lleno de modernidades y lujos desconocidos, empezando por el hilo musical y las fuentes interiores.
También había allí un acto empresarial, una charla a la que acudían empresarios y profesionales, la mayoría creo recordar que con aunténtico fervor, a tenor de sus expresiones. Tras enredar un poco en el hotel, me asomé tras la cortina del salón donde tenía lugar aquel encuentro, que después supe que era algo de lo más insólito, más en Andalucía: el mundo del management, el perfeccionamiento directivo, los foros y el marketing eran algo muy minoritario, por decir que eran algo. El ponente, un entusiasta y pletórico “gurú” empresarial español de los primeros setenta (o sea, algo también sumamente improbable), era José María Ruiz-Mateos, empresario roteño de Jerez (lo cual no es decir poco, valga como imagen de aquéllos que nadan a contracorriente, frente al señorío de siempre o frente a la banca de siempre o contra cualquier otro tótem inamovible o impermeable).
He sabido también a posteriori que aquél no era un encuentro de un grupo habitual, una tertulia de conocidos o afectos, ni de hermanos de fe política o religiosa: allí había todo tipo de empresarios y directivos, porque en aquel entonces, Ruiz-Mateos era la punta de lanza, el paradigma del emprendedor, alguien que practicaba el riesgo calculado, la diversificación, la integración horizontal y vertical y, por ello, la economía de escala; la gestión financiera, los incentivos y la motivación en recursos humanos…todas esas cosas que llenan los programas máster y los anuncios de cursos en los periódicos en estos días. Pero entonces no eran comunes. O sea, hablamos de un adelantado, de un pionero. Era muy admirado, diría que por todos. ¿Recuerdan?.
Después, varios años más tarde, pasó lo que sabemos o lo que creeemos que sabemos que pasó: Rumasa expropiada, legiones al paro, pleitos, malas reventas de todo color, huídas, persecuciones, tardíos reconocimientos judiciales. Todos tenemos una opinión, y hay mil cosas escritas. Por eso no es el momento, al menos aquí, de hablar más sobre ese período, larguísimo período en el que la figura de este empresario ha sido algo parecido a un tabú; algo innombrable, molesto, inquietante. Tótem y tabú. El repudio repentino y la mala conciencia acallada. Pero la nueva abeja de Ruiz-Mateos -él, los que llevan su nombre como un equipo sin fisuras aparentes desde hace años, sus miles de empleados- constituye hoy una renovada colmena corporativa. A la ortodoxia – al “establishment”- no le gustan sus métodos; por ejemplo su forma de captar financiación de los particulares. Como decía George Brassens, “no, a la gente no gusta que uno siga su propia fe”. Pero en tiempos de zozobra, debemos quitarnos de encima complejos y prejuicios y ver como algo digno de admiración que Nueva Rumasa – de origen andaluz, ¿cuántas parecidas hay?- sea un poliedro de actividades y empresas que, por citar su último empeño, incluye luchar por el liderazgo en el sector lechero. Una abeja por la vía láctea.