Leemos en El Mundo, en artículo de José Antonio Gómez Marín
“ Hay personas fatalmente reducidas por la opinión a su propio personaje. Como Ruiz-Mateos, mismamente, el hombre que recurrió a los gestos más estrafalarios -compareció vestido de Supermán o de torero ante el TS más de una vez- increpó a los ropones, estrelló tartas en la cara la ministro Boyer tras sufrir su expolio, exhibió cierto iluminismo casi místico cada vez que le dio la gana – con tal de que su caso no acabara sepultado en el olvido de una Justicia que, a la vista está, siempre quiso ser lo menos posible de sus circunstancias. De sobra sabía él que en su contra se conjuraban dos poderes temibles, uno, el del propio Gobierno que necesitaba un zarpazo revolucionario con que acabar de legitimarse y que vio en él un buco fácil de cazar, y otro, el de la Banca clásica, la tradicional, la endogámica y exclusiva que siempre lo consideró un parvenu sin sitio entre los cabales. Los que pensamos que se equivocaba con aquellas payasadas hemos de reconocer el éxito de quien ha ganado todos y cada uno de los pleitos exigidos para reconocer un hecho sencillo: que la intervención de Rumasa fue, en realidad, un simple expolio, incluso con independencia del proceloso enredo de los negocios posteriores que de ella se derivaron. Y aceptar, además, su antigua queja de maltrato judicial a la vista de la inaudita pasividad de esa Justicia que, habiendo fallado a favor en tres instancias, incluido el TS, permite que el asunto duerma en el sueño de los justos sin habilitar la menor perspectiva de ejecución de lo fallado. A Ruiz-Mateos le debe el Estado, como consecuencia del expolio perpetrado por Boyer, una cifra billonaria que nadie se atreve a mentar siquiera (….)”.
Leemos, en esta fecha, en el blog de Pío Moa “Presente y Pasado”, lo siguiente
……”La frágil realidad de nuestra democracia quedó patente con el asunto Rumasa, gigantesca estafa perpetrada por el PSOE apenas alcanzado el poder: una expropiación demagógica con todos los rasgos del choriceo de alto nivel – tan tradicional en el PSOE–, acompañada de un ataque en regla a la independencia judicial. Ya se aplicaban a “enterrar a Montesquieu”, es decir, a la democracia. El Tribunal Constitucional no llegó a recuperarse de su descrédito”….
Leemos, en artículo enviado a Cantabria Liberal por Carlos Magdalena Menchaca,
(…..)
“Todo el mundo conoce la historia del “Imperio de la Abeja” porque este hombre de setenta y seis años ha tenido los arrestos y valentía de no cejar en la denuncia que en 1982 se cometió por el Gobierno recién salido de las urnas de Felipe González. Sólo el empecinamiento y hombría empresarial, que adornó siempre a este septuagenario, ha permitido que toda una generación sepa de la tropelía legal que se cometió en su persona, familia y empresas.”
(….) “por simple justicia, me reitero en lo que siempre dije, que no se practicó una expropiación sino una apropiación legal, de los bienes, que nunca se hubiese llevado a cabo en la España integrada en Europa de la que somos parte.”
(….)
“El nuevo poder político, el Felipismo, con mayoría absoluta en las urnas, quería demostrar, a modo de aviso a navegantes, quien mandaba en España. El famoso decreto Boyer se estudia en las Facultades y es un dechado de lo que no se debe ni se puede hacer en un Estado democrático en que las garantías quedaron anuladas”.
(…..) “pero lo más importante es que este hombre se ha levantado cual ave fénix de sus desgracias y cenizas y ha conseguido nuevamente forjar sus empresas y salir adelante. Con este salir adelante, en esta España de las garantías, ha demostrado ante sus (ex)apropiadores) que no robó sino que se sirvió de sus dotes empresariales para generar empresas crear empleo y obtener plusvalías. Mejor, estas últimas las obtuvieron, disfrutaron y se beneficiaron quienes consiguieron el botín.”